lunes, 16 de mayo de 2016

¡El caos y la anarquía!

En el principio de todo, canta Hesíodo en su Teogonía, fue el Caos. La palabra griega cháos significa abertura, sima, abismo. Un enorme agujero negro. Era el espacio inmenso, propiamente infinito y tenebroso que existía antes del origen de las cosas, equiparado enseguida por su oscuridad con el Tártaro y el inframundo. Una falsa etimología relacionaba este término con el verbo chéo, que significa derramar, de donde viene la noción moderna de masa confusa de elementos extendidos por el espacio, líquido vertido, totum revolutum o caos.  Pero el significado primero de la palabra es el de agujero, un enorme bostezo como el de una larga tarde de domingo. Y de ese caos originario surgió el mundo.

El caos, sin embargo, no está fuera del mundo, es consustancial a él: nada más caótico que este supuesto y pretendido cosmos, este mundo presuntamente ordenado. Ya nos advirtió Heráclito en su crítica a Hesíodo que "día" y "noche" son una sola y la misma cosa. Lo mismo puede decirse de caos/cosmos: su diferencia es su identidad en cuanto que no hay identidad sin oposición de un término al otro, y no hay diferencia sin identidad de ambos términos en aquello que les es común.

También dijo el efesio: "Tal como revoltijo  de cosas echadas al azar es el más hermoso revoltijo, así el mundo". (Heráclito, fragmento 124 D-K). O también, según otra interpretación: "El más hermoso de los mundos es como un montón de basura esparcida al azar". ¿No es este mundo precisamente con su obsesión por el orden el único y mayor de todos los caos habidos y por haber?


Pintada en una pared de Atenas
 
El término anarchía, por su parte, nace también en Grecia,  incorporando la negación (an- ante vocal y a- ante consonante; comparable al latín in- y al germánico un- por el origen común indoeuropeo de las tres lenguas)  dentro de la palabra "arché", que, además de comienzo y principio,  significa gobierno. Quiere decir, por lo tanto "no gobierno".

La primera mención en la literatura se encuentra en los Siete contra Tebas de Esquilo, que pone en boca de Antígona esta declaración (versos 1026-1030), donde la heroína expresa un acto de desobediencia y de rebeldía individual contra la decisión del tirano Creonte que ha prohibido que se dé sepultura a los restos de su hermano muerto, asumiendo el riesgo que conlleva la infracción.


Antígona (detalle), F. Leighton (1839-1896)

Y yo les digo a los que mandan a este pueblo:
si nadie más quisiera ayudarme a enterrarlo,
lo haré yo misma y el peligro afrontaré
de darle tierra a mi hermano, y no me da vergüenza
mostrar rebelde mi anarquía a la ciudad.

En la tragedia Antígona de Sófocles, sobre el mismo tema, encontramos otra mención (verso 672). La sentencia lapidaria está puesta en boca de Creonte: No existe, en cambio, mal mayor que la anarquía. ¿Qué iba a decir un tirano que fuera más congruente con su condición dictatorial?


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