domingo, 29 de mayo de 2016

Varia uariorum


¿Qué es la apostasía?
Apostasía es el alejamiento (apo-) de lo establecido (-stasía). El abandono, por ejemplo, de la religión en la que uno ha sido iniciado. También la defección de un partido político en el que se militaba o la disidencia de la ideología que se profesaba. Históricamente, se ha llamado apóstata al emperador Juliano, que rechazó la religión cristiana cuando ya era oficial en el Imperio y restableció los viejos cultos. Pero como dice el escritor francés Anatole France(1) el verdadero apóstata es el emperador Constantino, que abandonó la religión pagana de Roma con anterioridad y abrazó el cristianismo.
(1) Anatole France Sobre la piedra inmaculada (1905)


Profilaxis
Huxley, el autor de Un mundo feliz, era además de escritor médico, y formuló hace cincuenta años, entre otras, esta interesante reflexión: “Ahora la medicina ha progresado tanto... que ya todos somos enfermos”. Todos, en efecto, nos hemos convertido en pacientes dentro del estado terapéutico en el que sobrevivimos, que mira por nosotros y vela por nuestra salud, siempre futura, como nuestra propia muerte. Más que dedicarse a curar los males que padecemos, la medicina -tanto ha progresado- se dedica a prevenir los que no tenemos. Ha dejado de ser curativa para pasar a ser única y exclusivamente preventiva, o profiláctica, que es lo mismo pero dicho en griego para que no se entienda bien la cosa de buenas a primeras.

Totalitarismo
Phillip Allot, un exdiplomático británico y profesor de la Universidad de Cambridge, ha dejado dicho algo que es importante partiendo de alguien que forma parte, como él, del tinglado del status quo: “La democracia y el capitalismo son sistemas más totalitarios que el nazismo o el estalinismo”. Explica el profesor que tanto la democracia como el capitalismo son sistemas que contienen en sí mismos sus propios valores que pretenden imponerse a la totalidad de la población. Esto obliga a que se acepten sin la menor resistencia crítica, sin rechistar. La opinión de la mayoría no admite discusión, se impone a todos. Si lo cree la mayoría es verdad; todos debemos aceptarlo. De lo contrario, no somos demócratas. Según el exdiplomático “el totalitarismo tradicional” se caracterizaba por controlar a las personas por la fuerza y la violencia -así el nazismo y demás regímenes fascistas, así el estalinismo-, pero la gente podía pensar lo que le viniera en gana en su fuero interno, mientras que bajo el sistema democrático y capitalista de dominación vigente no tenemos libertad de pensamiento ni de actuación porque tememos ser tachados de terroristas, antidemócratas, incorrectos políticamente, fascistas, anarquistas... Se trata de un autocontrol impuesto y asumido total, totalitario, que acaba con el libre pensamiento. No hay un dictador externo: el dictador está dentro. Si no pienso como la mayoría,  no soy demócrata, no soy de los buenos... Hasta nuestros deseos más íntimos están determinados y condicionados por el sistema interiorizado de dominio; sólo somos capaces de desear lo que la mayoría -manipulada como está- desea que deseemos, y eso es algo increíble que no había sucedido nunca hasta ahora en la historia de la humanidad.

Ideoclasta/Iconoclasta
Decía don Miguel de Unamuno que de todas las tiranías, la más odiosa era la de las ideas, y que no había cracia más aborrecible, por lo tanto, que la ideocracia. Decía que uno tenía que ser dueño de sus ideas, no su esclavo. Quizá, decía, era inevitable tener ideas, como ojos y manos, pero había que conseguir no ser tenido por ellas, liberarse de la esclavitud de las ideas fijas, estereotipadas, dogmáticas. Pensar es desembarazarse y abortar las ideas que tenemos. Unamuno declara aborrecer toda etiqueta, pero acepta la de ideoclasta, la de rompedor de ideas. "¿Que cómo quiero romperlas? Como las botas, haciéndolas mías y usándolas". Hoy en pleno siglo XXI, quedan muy pocas ideas, aunque sigue habiéndolas. En lugar de ellas nos venden e imponen imágenes que atrofian la imaginación y aumentan nuestra fe en la realidad. Por eso se impone la iconoclastia. Ideoclasta, de hecho, es un neologismo creado a partir de iconoclasta: rompedor de imágenes, es decir, de íconos. Iconoclasta: El que destruye los ídolos que producen en nosotros una admiración religiosa que supone sometimiento, que nos imponen cánones, modelos de conducta, pautas. Los ídolos son estrellas de la música, políticos, actores, top-models de alto standing, o santones revolucionarios. En nuestra época todas las imágenes, hasta las más inofensivas, han alcanzado la categoría de íconos, de imágenes sagradas, de "santos" como decía una abuela mía, a las que se rinde culto y veneración. Iconoclasta o ideoclasta. Es lo mismo. Destructor de todas las imágenes o ideas recibidas, impuestas, inculcadas, reales dentro de su esencial falsedad.


Escitas
Los escritores grecorromanos caracterizaron a las tierras comprendidas entre el Danubio y el Don, el Cáucaso y el Volga como salvajes y bárbaras. Sus habitantes eran nómadas, incivilizados pero atractivos en su primigenia simplicidad. Su cultura se basaba en el pastoreo nómada y la cría de caballos de monta. Los escitas fueron grandes jinetes y temibles arqueros a caballo. 

 Arquero escita en un plato griego de figuras rojas de Epicteto (c.520-500 a. de C.)

Os dejo un poco de música:  La (vertiginosa) marcha de los escitas de Noyer, interpretada por el prodigioso clavecinista Jean Rondeau.


Casa de citas
Byung-Chul Han cita a Hanna Arendt que a su vez cita a Cicerón, quien pone en boca de Catón en De Republica esta bella paradoja, atribuida a Publio Escipión el Africano: "numquam se plus agere quam nihil cum ageret; numquam minus solum esse quam cum solus esset": que nunca hacía más que cuando no hacía nada; y que nunca estaba menos solo que cuando estaba solo. Es decir, que estaba activo cuando estaba ocioso y entregado al dolce far niente, y que cuando estaba a solas consigo mismo es cuando menos solo estaba. El propio Cicerón recoge en otra parte la misma cita y comenta a propósito: "magnifica uero uox et magno uiro ac sapiente digna; quae declarat illum et in otio de negotiis cogitare et in solitudine secum loqui solitum, ut neque cessaret umquam et interdum colloquio alterius non egeret. ita duae res, quae languorem afferunt ceteris, illum acuebant, otium et solitudo": una admirable sentencia en verdad y digna de un gran hombre y sabio; esta da a entender que él en su ocio solía pensar en sus negocios y en su soledad hablar consigo mismo, de forma que nunca estaba desocupado y a veces no necesitaba la compañía de nadie. Así estas dos cosas que a los demás producen fastidio, el ocio y la soledad, a él lo estimulaban. Reivindica el maestro coreano Byung-Chul, frente a la "vita activa" y aun "hyperactiva" que llevamos (¡manda huebos!) en este siglo XXI, la "vita contemplativa". Y plantea esta consideración aparentemente contradictoria: "La hiperactividad es, paradójicamente, una forma en extremo pasiva de actividad que ya no permite ninguna acción libre".

Oración femenina
Y ya que hemos empezado con Anatole France, acabemos con otra cita suya: Una bella joven genovesa enamorada le rezó a la Virgen María la siguiente y conmovedora plegaria: "Santa madre de Dios, tú que concebiste sin pecar, concédeme a mí la gracia de pecar sin concebir".

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