viernes, 16 de diciembre de 2016

La nueva fragancia masculina

Conviene analizar el lenguaje de la publicidad y detectar en él los elementos sexistas que componen su código machista. La firma “Paco Rabanne” eligió hace unos años como modelo para la campaña publicitaria de su nuevo perfume 'Invictus' a un conocido jugador de rugby australiano, que cambió los focos del estadio por los del estudio fotográfico, y que desde entonces aparece en numerosos soportes publicitarios. El deportista, que exhibe su torso desnudo, pecho y brazo musculosos tatuados a la moda, se presenta como si fuera un héroe olímpico que puede con todo y con todos con tal de lograr la victoria final, lo único que parece importarle en la vida.

Es muy significativo el nombre comercial elegido para la colonia, el latinajo “invictus”, término forjado sobre el participio del verbo vencer, “uictus”, con el prefijo negativo in-, que incorpora la negación "no" a la palabra,  que significa por lo tanto  invicto, no vencido, y, por consiguiente, invencible, infatigable. El nombre de la colonia evoca también, cómo no, la memorable película homónima de Clint Eastwood del año 2009 sobre tema deportivo protagonizada por Morgan Freeman y Matt Damon.


Existe en latín otro derivado del verbo “vencer”, con sufijo de agente masculino –tor (uictor “vencedor”), que  podría haber servido para nombre de la colonia.  VICTOR, en efecto,  sugeriría que el deportista ha resultado vencedor en una competición, pero INVICTUS significa mucho más que vencedor ocasional, quiere decir que no ha sido vencido nunca, que es un vencedor nato y un triunfador constante. De VICTOR deriva precisamente nuestro “vítor”, y el verbo “vitorear”, con el significado de aclamar al campeón, y de VICTOR deriva también VICTORIA, que era una diosa alada. A Nice (Niké) la imaginaron los griegos como la personificación de la victoria, con alas y volando con gran rapidez.

Victoria alada de Samotracia en el museo del Louvre.


En el templo que le consagraron en la acrópolis de Atenas a Atenea Nice representaron por primera vez a la diosa sin alas, áptera que se dice en griego, para que nunca pudiera abandonar la ciudad, después de la gloriosa victoria sobre los persas en la batalla de Salamina. Pero salvo esa excepción, la Victoria ha sido representada siempre con alas. Con la iconografía alada de la victoria juega, precisamente, el anuncio de Invictus: el frasco tiene forma de trofeo olímpico, de manera que quien lo adquiere en la tienda parece que se lleva consigo la copa laureada de la victoria. Asimismo, en la caja que contiene el eau de toilette hay dos alas sobre la orla del título INVICTUS:


La exaltación clásica de la belleza del cuerpo masculino regresa a la publicad de la mano de los deportistas más atractivos para vendernos lo que se tercie: desde unos calzoncillos, hasta unos vaqueros de marca o, sobre todo por estas fechas, las más seductoras aguas de colonia, como en este caso, que nos  garantizarán el éxito sexual. En la imagen de los paneles publicitarios, el frasco de perfume con forma de trofeo ocupa el lugar central inferior, surge de abajo, de la entrepierna del modelo semidesnudo (desnudos, por cierto, competían en Olimpia los atletas griegos) como símbolo no sólo fálico, sino propiamente itifálico, a cuyos lados dos musas sugieren con sus cuerpos ondulados y sensuales las alas de la victoria, para elevarnos a los cielos del orgasmo del triunfo,  dando a entender que esta fragancia hace al macho irresistible.
En el spot televisivo, además, que juega con tonos grises, negros y blancos para hacerlos más sugerentes,  pueden apreciarse varios elementos argumentales: la imagen del modelo que al salir del vestuario parece un gladiador, un Espártaco que muestra su mejor cara al público y a la prensa; se abre paso entre dos figuras griegas para recibir la ovación del público en el estadio; a continuación  se enfrenta a un equipo completo de Rugby, contrincantes de yeso y no de carne musculosa y hueso como él,  a los que arrumba con un solo movimiento de sus brazos; después aparece una diosa inmaculadamente blanca, tal vez la propia Victoria, la griega Nice, que lo señala con su dedo como el elegido para la gloria, volvemos a ver figuras griegas semejantes a nubes que junto al humo blanco nos transportan al Olimpo, y tras una especie de rayo fulminante de Zeus, la recompensa: el trofeo que porta sobre su hombro derecho. Cuando el campeón vuelve al vestuario, se encuentra allí con otra recompensa de carne y hueso: cinco señoritas semidesnudas cubiertas sólo con sugerentes sábanas blancas que esperan al heroico gladiador que ha acariciado el éxito. Él, el triunfador, se muestra satisfecho y sonríe de soslayo a la cámara.

La canción elegida para este anuncio no podía llamarse menos que "Power", (poder en la lengua del Imperio) interpretada por Kanye West, que alcanzó en el año 2010 importantes posiciones en los listados de popularidad más importantes de todo el mundo, siendo uno de los discos que más se vendieron y, por lo tanto, uno de los más vendidos.




¿A qué huele, a todo esto, el aroma de la Victoria?  Pues técnicamente es lo de menos, pero para los curiosos es una fragancia que mezcla pachulí, ámbar gris, madera de guaiac o palisandro, acordes marinos, cáscara de pomelo y, cómo no, laurel, símbolo de la victoria donde los haya. La salida es fresca, muy fresca como buena fragancia inspirada en el deporte, pero,  al contrario que otras que también se centran en este tema,  las notas de corazón y fondo se tornan en un olor mucho más seductor.

Hemos idealizado tanto la victoria que hemos olvidado que el vencedor no es, por el hecho circunstancial de haber ganado en una competición, mejor que el vencido. Habría que recordar aquí el epitafio que le dedicó el poeta Lucano a Catón de Útica, el último republicano romano, al que le hizo el mayor elogio que podía hacérsele a un hombre. Hizo un juego de palabras sobre la causa vencedora (uictrix) y la vencida (uicta) en la guerra civil: uictrix causa deis placuit, sed uicta Catoni: “plugo a los dioses razón vencedora, a Catón la vencida”. A Catón no le convenció la causa ganadora, porque no por haber ganado era mejor, sino todo lo contrario. Agradó a los dioses, que así lo consintieron, pero no a Catón, amante de una causa perdida, la libertad republicana que cercenó la guerra civil.

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